Autor: Josep Mañogil

El CRACK Y LA COCAÍNA

La adicción a la cocaína, es una enfermedad que hoy en día es posible de curar.

La cocaína es un polvo blanco que se obtiene secando las hojas de la planta de la coca. Los términos de argot para la cocaína son: coca, nieve, marchosa, lady pura, pasta, blanca, perico, perica, garlopa. La cocaína puede aspirarse por la nariz, consumirse por vía oral, inyectarse o fumarse.
El crack es el término que se aplica a la cocaína de base libre, que se prepara en pequeños gránulos o cristales (rocks), que se fuman a través de una pipa de agua.
La cocaína es un estimulante que hace que la persona adicta se sienta hiperestimulado, eufórico, lleno de energía y mentalmente alerta después de que haya consumido la droga. La cocaína es una droga que origina una fuerte adicción y el desarrollo de graves problemas mentales y físicos, puesto que con una sola toma se puede llegar a una sobredosis y por consiguiente morir.

La cocaína es un poderoso estimulante del sistema nervioso central que interfiere con el proceso de absorción de la dopamina, un mensajero químico asociado con el placer y el movimiento. La acumulación de la dopamina provoca una estimulación continua de las neuronas receptoras, que está asociado con la euforia que sienten las personas que consumen cocaína.

Algunas de las personas que consumen cocaína dicen sentir desasosiego, irritabilidad y ansiedad. Se puede desarrollar tolerancia a la euforia y son muchos los adictos que dicen intentar en vano conseguir que la droga les produzca el mismo placer que sintieron la primera vez que la consumieron. Ciertos adictos aumentan su dosis para intensificar y prolongar los efectos eufóricos.

La adicción es una enfermedad cerebral. Una enfermedad que se puede tratar y de la que hay recuperación. Hoy en día, gracias a las investigaciones y las nuevas tecnologías, cada vez se sabe más como actúa la cocaína en el cerebro y los efectos que produce, lo que permite desarrollar tratamientos adecuados para que el adicto recupere el control de su vida y para que se pueda curar de la adicción a esta droga.

Episodios de uso continuado y repetido de cocaína, en dosis cada vez más altas, pueden llevar a un estado creciente de irritabilidad, desasosiego y paranoia. Esto puede acabar en un episodio de psicosis paranoica total en la que la persona adicta pierde el sentido de la realidad y le sobrevienen alucinaciones auditivas.

Otras complicaciones asociadas con el uso de la cocaína son alteraciones en el ritmo cardiaco, ataques al corazón o al cerebro, dolor en el pecho, convulsiones, dificultad respiratoria, dolor de cabeza, dolor abdominal, náuseas, desnutrición puesto que la cocaína tiene la tendencia de disminuir el apetito.

Según las maneras de consumo de la cocaína pueden ocasionar diferentes problemas: la inhalación de la cocaína puede llevar a la pérdida del sentido del olfato, problemas para tragar, sangrados nasales, ronquera y secreción nasal crónica. La ingestión de cocaína puede causar gangrena intestinal grave debido a la reducción del flujo sanguíneo al intestino. Los que se inyectan la cocaína pueden experimentar una reacción alérgica aguda y al igual que cualquier usuario de drogas inyectables, tiene mayor riesgo de contraer el VIH y otras enfermedades de transmisión sanguínea.

El etileno de cocaína:
Cuando las personas combinan el consumo de cocaína con el alcohol, están agravando el peligro que presenta cada una de estas drogas y, sin saberlo, realizan en sus propios cuerpos un experimento químico, pues al combinar la cocaína con el alcohol, el hígado fabrica una tercera sustancia, el etileno de cocaína, que intensifica los efectos eufóricos de la cocaína y potencialmente aumenta el riesgo de muerte repentina.

El tratamiento utilizado para desenganchar a la persona de la adicción a la cocaína mediante hipnosis clínica tiene unos resultados bastante favorables y en la mayoría de los casos se consigue que la persona salga del tormento de la adición y que no vuelva a recaer.